Casi todas las empresas usan hoy el cloud, aunque muchas no sabrían explicar qué hay detrás. El correo, el CRM, las copias de seguridad o la web de la compañía probablemente ya viven en servidores que no están en la oficina.
En este artículo explicamos qué es cloud computing desde el punto de vista de una empresa: cómo es la infraestructura que lo sostiene, por qué la escalabilidad es su gran ventaja, qué modelos de servicio existen y en qué momento tiene sentido que alguien gestione todo eso por ti.
Qué es cloud computing, explicado sin tecnicismos
Cloud computing consiste en usar recursos informáticos (potencia de cálculo, almacenamiento, redes o aplicaciones) a través de internet, en lugar de tenerlos en un servidor propio dentro de la oficina. Es parecido a lo que ocurre con la electricidad: no montas tu propia central, te conectas a una red y pagas por lo que consumes.
La definición de referencia es la del NIST, el organismo estadounidense de estándares tecnológicos, que la publicó en 2011. Dicho en llano, un servicio es cloud cuando cumple cinco condiciones:
- Autoservicio bajo demanda: puedes activar recursos cuando los necesitas, sin esperar a que nadie los instale.
- Acceso desde cualquier lugar: se usa a través de la red, desde cualquier dispositivo con conexión.
- Recursos compartidos: el proveedor reparte una misma infraestructura entre muchos clientes, de forma aislada y segura.
- Elasticidad: los recursos crecen o se reducen con rapidez según la demanda.
- Pago por uso medido: se mide lo que consumes y se factura en consecuencia.
Cómo funciona el cloud por dentro: la infraestructura que no se ve
A pesar del nombre, la nube no es una nube. Detrás hay centros de datos con servidores físicos, redes y sistemas de almacenamiento que alguien tiene que alimentar, refrigerar, proteger y mantener funcionando todos los días.
El truco está en la virtualización. Un servidor físico muy potente se divide en varios servidores virtuales independientes, cada uno con los recursos que necesita un cliente o una aplicación. Esos servidores físicos, además, se agrupan en clústeres: varios equipos que trabajan como si fueran uno solo. Si uno falla, otro asume su carga y el servicio sigue funcionando. Esa es la base de la alta disponibilidad que se espera de un servidor cloud profesional.
Por eso importa tanto saber dónde está la infraestructura y quién la opera. No es lo mismo trabajar sobre recursos propios, ubicados en España, que depender de una cadena de terceros sobre la que no se tiene control directo. Afecta a la protección de los datos, al cumplimiento normativo y a la rapidez de respuesta ante una incidencia, un tema que ya abordamos al explicar por qué importa elegir bien tu infraestructura cloud.
Escalabilidad: cuando la infraestructura se adapta al negocio
Con un servidor tradicional hay que decidir la capacidad por adelantado. Si compras de más, pagas por potencia que no usas. Si compras de menos, la web se cae justo cuando más tráfico tiene.
El cloud resuelve esto con la escalabilidad: la posibilidad de aumentar o reducir recursos según la demanda real. Una tienda online puede ampliar su capacidad durante una campaña de rebajas y volver a la normalidad después. Se consigue dando más potencia a un mismo servidor o sumando más servidores que trabajan en paralelo, y en ambos casos sin parar el servicio ni rehacer la arquitectura cada vez.
Esa flexibilidad tiene una cara B. Como se paga por lo que se consume, un recurso mal configurado o olvidado también se factura. Lo contamos al hablar de cómo optimizar costes en Google Cloud, pero la idea de fondo sirve para cualquier entorno: escalar bien exige vigilar.
Modelos de servicio: IaaS, PaaS y SaaS
No todos los servicios cloud ofrecen lo mismo. Lo habitual es clasificarlos en tres modelos según cuánto gestiona el proveedor y cuánto gestiona la empresa:
| Modelo y qué recibes | Qué gestiona tu empresa |
|---|---|
| IaaS (infraestructura como servicio)Servidores virtuales, almacenamiento y redes. | Sistema operativo, aplicaciones y datos.EjemploUn servidor cloud donde instalas tu propia aplicación. |
| PaaS (plataforma como servicio)Un entorno listo para desplegar aplicaciones. | Solo la aplicación y sus datos.EjemploUna plataforma para publicar una aplicación web sin ocuparte del servidor. |
| SaaS (software como servicio)Una aplicación lista para usar. | Su uso y la configuración básica.EjemploEl correo electrónico o un CRM en la web. |
Cuanto más avanzas por la tabla, menos tienes que gestionar y menos control tienes sobre los detalles. Ninguno es mejor en abstracto: depende de lo que necesite cada proyecto.
Además del tipo de servicio está el lugar donde se despliega. La nube pública comparte la infraestructura de un proveedor entre muchos clientes, la privada se dedica en exclusiva a una sola organización y la híbrida combina ambas.
Cloud gestionado: qué cambia cuando alguien opera el cloud por ti
Tener el cloud contratado no significa que funcione solo. Alguien tiene que diseñarlo, actualizarlo, vigilarlo, hacer copias de seguridad y responder cuando algo falla, a cualquier hora. En muchas empresas esa responsabilidad recae en un equipo interno con otras prioridades, o directamente en nadie.
El cloud gestionado cubre ese hueco. Consiste en que un proveedor se encargue de la operación continua de la infraestructura: monitorización, actualizaciones y parches de seguridad, copias de seguridad, ajuste de recursos y soporte ante incidencias. La empresa conserva las decisiones de negocio y se libera de la parte operativa.
En Linube trabajamos así. Operamos sobre infraestructura propia ubicada en España, con las certificaciones ISO 27001 y ENS Nivel Alto, y con soporte 24×7 a cargo de un equipo propio. Y como cada empresa llega con su propio punto de partida, también administramos entornos en AWS, Google Cloud y Azure. La pregunta que más ayuda a decidir es qué parte de tu cloud quieres seguir gestionando tú, y para responderla con criterio conviene repasar cómo elegir un cloud profesional para tu empresa.