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Blockchain: cadenas de bloques más allá de la economía

Hace casi un año, el 12 de mayo de 2017, se produjo el mayor ciberataque a nivel mundial. El ransomware, un software malicioso que impide el acceso a tu propia información y pide un rescate por ella, puedo haberse evitado con otra de las palabras de moda: el blockchain. Además de poner a salvo nuestros datos, esta cadena de bloques podría dar un giro radical a los procedimientos y negocios tal y como los conocemos en la actualidad.

La evolución del mundo digital está estrechamente relacionada con todo lo comercial. Puesto que cada vez se utiliza más internet para realizar todo tipo de gestiones, debe tenerse muy en cuenta la seguridad del usuario y sus datos más sensibles en la red. De ahí que las cadenas de bloques sean la forma más segura de hacer transacciones, tanto económicas como de datos.

Qué es el blockchain

Podríamos definir el blockchain como una enorme base de datos distribuida y extremadamente segura que no puede ser fácilmente alterada. Esto es así porque está repartida entre millones de ordenadores de todo el mundo y no es posible modificar la información de sus bloques cifrados sin el consenso del resto de usuarios del mismo. De esta forma, atacar o eliminar la información de las cadenas de bloques es una tarea prácticamente imposible.

La tecnología blockchain elimina los intermediarios en el proceso de comunicación. Los encargados de controlar el proceso son el emisor y el receptor de la transferencia de datos. Aunque estos dos agentes no están solos, son parte de un enorme grupo de usuarios que se ocupan de comprobar que el procedimiento se produce de forma correcta y de validar la transacción. Si quieres, puedes echar un vistazo a su web y empezar a crear tu billetera de criptomonedas.

Cómo funcionan las cadenas de bloques

Antes de realizarse una transferencia, el emisor tiene que avisar al resto de usuarios de la cadena. Estos revisarán si el intercambio puede producirse y, en caso afirmativo, darán su aprobación para que la transferencia pueda producirse. Y solo cuando todos los usuarios hayan aceptado dicha transferencia, la información pasará a formar parte del bloque, es decir, a efectuarse el intercambio. De esta forma, la nueva transacción pasa a formar parte de un bloque que contiene otras muchas transferencias más. Cada uno de los bloques tiene una capacidad limitada. Su tamaño dependerá de la estructura de la cadena y del tamaño de las transacciones. Al alcanzar su capacidad máxima, el bloque se ‘cerrará’ quedando registradas permanentemente cada una de las transacciones que contiene.

El blockchain es, por su naturaleza, una de las maneras más seguras para intercambiar información o realizar transacciones económicas. Esto se debe a que en cada uno de los bloques la información está cifrada. Y no solo el bloque en sí, sino que cada registro está encriptado con respecto al anterior. De forma que para poder desencriptar toda la información sería necesario que todos los agentes que hayan intervenido en cada uno de los procesos de un mismo bloque llegaran a un consenso. Algo que es prácticamente imposible.

No es posible intentar modificar o eliminar la información contenida en los bloques sin el consentimiento del resto de usuarios. En caso de que se produjera, los nodos se alterarían, rompiendo la cadena, y avisando a todos sus participantes de que alguien ha intentado realizar una acción sin que hubiera consenso. De esta forma se dificulta que un agente pueda desviar transacciones sin que los demás se enteren. Además de que cada unidad exclusivamente puede transferirse una única vez y se evitan dobles transacciones.

Revolución en todos los ámbitos

Las cadenas de bloques aceleran las transacciones, favorecen la seguridad y transparencia total de la información. Solo el emisor y el receptor de la transacción permanecen en el anonimato. El resto de la información relacionada con el intercambio es pública. Esto permite conocer el camino que sigue una transacción desde que el emisor inicia el intercambio hasta que queda registrado en la cadena de bloques.

Aunque lo más habitual es asociar el blockchain con las criptomonedas, como bitcoin, esta tecnología puede usarse en todo tipo de transacciones. Como, por ejemplo, historiales médicos, voto electrónico, tareas fiscales o en la logística de las empresas. Toda la información contenida permanecerá accesible durante toda la vida de la cadena de bloques, por lo que esos datos pueden consultarse en cualquier momento. O al menos hasta que otra tecnología consiga mejorar la cadena de bloques.

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